América Latina enfrenta nuevos riesgos económicos y sufre un estancamiento

La ola de descontento generada en los países latinoamericanos, podría forzar a los gobiernos a posponer reformas y afectar el crecimiento de la región.

Hace tiempo atrás, los inversores miraban hacia América Latina con renovado interés. El péndulo parecía oscilar hacia una nueva era de apertura, con buenas perspectivas para los negocios y las inversiones. Pero la ola de protestas que azotó a la región -sobre todo a Chile, icónico, hasta ahora, en estabilidad y seguridad- oscureció un panorama económico que ya había empezado a nublarse antes, forzó a gobiernos a suspender o posponer reformas más amenas al paladar de los mercados que al de los votantes, arraigó temores a un contagio y apagó el optimismo hacia la región.

Un elemento que une a muchos países es la urgencia por impulsar el crecimiento -hoy vegetativo- para responder al descontento y atacar la pobreza y la desigualdad, pero sin la caja de antaño y sin descuidar la estabilidad lograda en las últimas décadas. Es un equilibrio complejo.

Chile y Colombia, dos de los países que mejor desempeño económico han tenido en el último tiempo, quedaron entre los más convulsionados. Muchos miran a Brasil, la economía más grande de la región, y se preguntan si será el próximo. México, que estaba estancado, cayó en recesión a pesar de que su principal socio, Estados Unidos, crece desde hace más de una década. Y la Argentina ofrece, por ahora, más interrogantes que certezas. La pobreza y la extrema pobreza, en tanto, están en crecimiento.

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