El estado de Jalisco atraviesa horas de extrema tensión luego de un operativo federal que, según confirmaron autoridades mexicanas, terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. El hecho, ocurrido en una zona serrana del estado, desató una rápida escalada de violencia que impactó de lleno en la vida cotidiana de la población.
Tras conocerse el resultado del operativo, se registraron narcobloqueos, quema de vehículos, ataques a comercios y enfrentamientos armados en distintos puntos de Jalisco y en estados vecinos. Las imágenes de calles cortadas, humo y caos circularon con rapidez en redes sociales, mientras vecinos quedaron atrapados en medio de los disturbios.
El gobierno estatal activó protocolos de emergencia, reforzó la presencia de fuerzas de seguridad y recomendó a la población evitar traslados innecesarios. En algunas localidades se suspendieron clases, eventos públicos y servicios, mientras el transporte y la actividad comercial se vieron seriamente afectados, incluso en zonas turísticas.
Si bien desde el Ejecutivo nacional se presentó el operativo como un golpe histórico al crimen organizado, especialistas advierten que la eliminación de un líder no implica el fin de la violencia. Por el contrario, la fragmentación interna de los grupos criminales y la disputa por el control territorial suelen derivar en nuevos episodios de inseguridad.
El impacto de la crisis trascendió las fronteras mexicanas: varios países emitieron alertas de viaje, y aerolíneas y organizadores de eventos cancelaron actividades por razones de seguridad. Mientras tanto, la población de Jalisco vuelve a quedar en el centro de una disputa que combina poder criminal, militarización y un alto costo social.