Cada 11 de septiembre se celebra el Día del Maestro. Pero detrás de las flores, los mensajes y las palabras de agradecimiento, hay una realidad que merece ser mirada de frente.
Ser docente hoy no significa solamente estar frente a un aula, explicar un tema o corregir una tarea. Significa sostener escuelas, acompañar infancias y adolescencias, escuchar problemas que muchas veces exceden lo educativo y seguir enseñando aun cuando las condiciones no siempre acompañan.
En tiempos donde la educación atraviesa conflictos, reclamos salariales, falta de recursos, problemas de infraestructura y jornadas cada vez más exigentes, hablar del docente también implica hablar de las condiciones en las que trabaja.
Porque no alcanza con decir que “los docentes son el futuro” si en el presente no se garantiza que puedan ejercer su profesión con salarios dignos, escuelas en condiciones y el reconocimiento que su tarea merece.
El maestro no es un héroe al que hay que pedirle que haga todo con vocación y sacrificio. Es un trabajador de la educación, con derechos, responsabilidades y una tarea fundamental para cualquier sociedad.
Y aun así, todos los días hay docentes que llegan temprano, preparan sus clases, contienen, enseñan, acompañan y vuelven a intentarlo al día siguiente.
Por eso, este Día del Maestro no debería ser solamente una fecha para agradecer. También debería ser una oportunidad para preguntarnos qué educación queremos y cuánto estamos dispuestos, como sociedad y como Estado, a hacer para sostenerla.
Porque defender la educación pública también es defender a quienes la hacen posible todos los días: los docentes.
Feliz Día del Maestro a quienes, incluso en tiempos difíciles, siguen apostando a enseñar, acompañar y transformar.